lunes, 26 de octubre de 2009

El soplón


Película que se deja ver y que en algunos breves momentos puede provocar la carcajada, pero que en la mayor parte de su metraje, solo produce cierta confusión. Placentera si se quiere, pero confusión al fin y al cabo.

Steven Soderbergh ha tenido la suerte de convertirse en uno de esos pocos directores que, formando parte de la familia más comercial, se permiten hacer el lujo de hacer lo que les da la gana detrás de una cámara. Tras explotar al máximo la gallina de los huevos de oro de Ocean y sus compinches, quizá hasta el punto de no poder dar ya más huevos que llevarse a la boca, nos regala en El soplón una de esas películas hechas más por el interés del creador que por el del público. Pero no un interés propio basado en la narración de historias que lleguen al corazón o a través de un lenguaje novedoso y generoso para el resto de creadores, sino más bien un interés propio puramente estilístico. Sí, la película es un interesante ejercicio de estilo, como un magno ejercicio de escuela de cine que pretendía y consigue moverse en un ámbito ambiguo entre lo cómico y lo grotesco, entre lo heroico y lo patético. Así es su protagonista, del que uno no acaba de comprender bien si simplemente está algo chiflado o le falla la memoria o simplemente lo único que hacía era tomarles (y quizá también tomarnos) un poco el pelo a todos los que se ponían a su merced.

Basada en acontecimientos reales, la recomendaré solo a aquellos que van a menudo al cine y de vez en cuando se preocupan al ver cómo van agotando las películas vírgenes en la cartelera. Disfrutable, pero prescindible.


martes, 15 de septiembre de 2009

Enemigos públicos




Con las películas sucede lo mismo que con casi todo en la vida: que todo depende, mientras las vemos o vivimos y tras su final, de cuánto esperábamos de antemano de ellas. Ni la última película de Michael Mann, ni usted ni yo, escapamos a esta máxima.

Rodada en video, y con ciertas secuencias de una calidad fotográfica más que regular, con planos iluminados a un estilo que recuerda al de muchos cortometrajes, Enemigos Públicos entretiene pero no emociona, cuenta bien pero no apabulla, ambienta bien pero no huele a los años 30, y gusta pero no encanta. Sobresalientes si que son las interpretaciones de la mayoría de sus protagonistas, pero que se lucen, desgraciadamente, en algo muy parecido a un biopic, y que lástima, pero que difícil es encontrar un buen biopic… Es interesante señalar que el protagonista no es ni el malo ni el héroe, no hay de éstos salvo algún ladrón más sanguinario de lo debido. Dillinger es un personajede los que hoy llamaríamos mediático, que lo quiere todo, que se enamora de un vistazo (sin historias de amor las películas se venden peor), y que roba porque él lo vale.

Mann es un maestro en rodar la incertidumbre, el suspense del momento, pero no aprovecha demasiado sus virtudes en esta película. Las escenas de tiroteos o de acción son una mezcla entre sencillas y confusas, no demasiado espectaculares. En resumen, una película que se ve con agrado pero que deja poco poso, pocas vueltas, casi como leer una biografía intensa pero que no deja lugar a la imaginación.

martes, 8 de septiembre de 2009

Anticristo



Lejos de valorar u opinar sobre los autores, sobre los favoritismos y predilecciones, sobre si la palabra genio puede utilizarse gratuitamente o debe reservarse para los que con pocas dudas lo son, lejos de todo esto, lo que aquí pretendemos es invitarles a que vayan a ver las películas que les comentamos para bien, y que se abstengan de gastar sus euros en aquellas que a nosotros, humildemente, nos parecen que no los valen

Así que este cometido se torna difícil hablando de Anticristo. Si ustedes esperan ver la mejor película de Lars von Trier, esa obra que condensa el sufrimiento y la locura humana, saldrán decepcionados, porque la película no llega tan lejos, quedándose en un ejercicio de cierta transgresión visual. Si esperan encontrar personajes interesantes como los idiotas de Los idiotas, o el racionalizante Tom de Dogville, tampoco los hallarán, porque los dos protagonistas de la película son arquetípicos, y a pesar de sufrir una fisura vital que inaugura la película, carecen de fisuras caracteriales. Él (Willem Dafoe) es el cerebro, la razón, el control. Ella (Charlotte Gainsbourg) es la pasión y el pecado, el infierno, el presunto anticristo que da nombre a la película sin venir demasiado a cuento.

Así que ni frío ni calor, a pesar de que en algunos momentos pueda crear repulsión a los ojos de las almas cándidas que valoran la integridad de sus genitales. Que el epílogo es maravilloso visualmente está claro, pero usted también puede tomar prestado algo de música de Händel de la película Farinelli y seguramente hasta el vídeo de sus vacaciones parezca realmente serio, sobre todo si le añade unos copitos de nieve digitales por aquí y por allá. Pero si lo mejor de una película son sus primeros minutos (sin tener nada que ver, y siendo floja, comprueben también el inicio de El señor de la guerra), es que la historia no funciona. Por mucho que (de cuando en cuando) su director nos parezca un genio .


lunes, 7 de septiembre de 2009

Up


Alguien dijo que todas las grandes historias cuentan un viaje, y Up no es una excepción. La factoría Pixar sigue sin marchar su nombre. Los más grandes directores de la historia del cine, los artistas que llenan nuestros libros de texto y los museos que solo suelen ser gratis un día a la semana, todos, alguna vez, crearon obras menores y que pueden no hacer justicia a los que las firman. Pero estos señores no parecen equivocarse demasiado, o se dirán muy amablemente pero con firmeza en las reuniones “mira, eso no es una buena idea”, de manera que todo aquello que hacen, lo hacen bien. Y pensar que Steve Jobs, el de Apple, se la compró a George Lucas hace 23 años por 5 millones de dólares…

Up va a por ti, a emocionarte, y si para ello tiene que usar amores irreductibles por el tiempo, espíritus combativos y que sacan lo mejor de sí mismos en la adversidad, defensores de los débiles frente a la locura de los poderosos, lo hace. De todas maneras la experiencia es inseparable del hecho de haber sido la primera película vista en 3D en una sala comercial convencional. Agradezco que nadie tirara palomitas a mi boca abierta durante los primeros minutos de la proyección.

Tras unos cinco primeros minutos memorables, sin diálogo, en los que se describe lo que es una vida con sus alegrías y tristezas, una vida como la que quizá vivamos usted y yo, la película pasa a tratar ese viaje del que hablábamos al principio con más humor, persecuciones, y personajes (la mayoría no humanos) más que originales. Está claro que el ‘target’ de la película es claro: todo el mundo, desde el abuelo viudo al niño de pocos años. Nadie escapa al encanto de Pixar. Tampoco lo haga usted.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Una palabra tuya


El segundo largo como directora de Angeles Gonzalez-Sinde, avalada por su prestigio como guionista y el de haber sido presidenta de la Academia, adapta en esta ocasión una novela de Elvira Lindo sobre el pequeño universo de dos barrenderas de la periferia de Madrid y sus desventuras como jóvenes trabajadoras solas unidas por necesidad. La película muestra por tanto un escenario urbano ligado a una de las dos corrientes habituales en el cine español, el drama costumbrista con ansias de cine social. Es sólo un contexto: la directora avanza en la relación entre las dos mujeres, antiguas compañeras de colegio que se encuentran cuando la amistad ha sido vaciada por el tiempo, una es una luchadora fría que debe ayudar a su madre senil, y la otra conserva una inocencia acusada por los traumas de la infancia. Tiene un buen arranque Una palabra tuya, por buscar la comedia en la relación entre dos mujeres incompatibles que se necesitan de pura soledad, pero le pierde un vuelco directo y sin marcha atrás hacia el melodrama, que hace explotar en el último y programado tercer acto el drama personal de estas dos mujeres, el secreto del pasado que justifica la hora y media de metraje anterior. Es quizá esta mal equilibrada conjunción de comedia y drama lo que quita credibilidad a una película que precisamente busca la comicidad de las situaciones patéticas y las pequeñas alegrías de lo cotidiano, precipitándose en la tragedia de una manera que Eric Zonca presentaba, de forma parecida, pero más coherente en "La vida soñada de los ángeles". El final (¿optimista?) resulta por tanto, un desliz voluntario de la directora por dejar al espectador a toda costa con un buen sabor de boca, como los artículos veraniegos de Elvira Lindo. Sin embargo, no parece previsible una hipotética evolución del contrapunto machista que encarna Antonio De la Torre como héroe de nuestro tiempo. Queda a pesar de su final Bridget Jones, una sensación agridulce sobre la convenciencia de estar mal acompañado antes que solo.

domingo, 10 de agosto de 2008

Los cronocrímenes


Se puede hacer cine que bebe de la vida, o cine que bebe del cine, de manuales de guión y estructuras y paradojas narrativas. Los cronocrímenes pertenece sin duda a esta segunda clase de películas.

No estamos ante una película brillante, pero sí ante una arriesgada e interesante apuesta del director y guionista Nacho Vigalondo, uno de esos tipos que parecen dispuestos a vivir del cine a toda costa, sea escribiendo en un blog o inventando un videojuego de su película. Y por ahora no se puede quejar. Los cronocrímenes trata del desdoblamiento del protagonista en varios sucesivos ellos que se trasladan a otro tiempo cercano. Cada cual realiza lo que se espera que realice, de manera que se repite el ciclo perpetuando más la confusión total que ayudando a restaurar el estado de calma inicial. Pero creánme, es difícil de explicar…

En definitiva, estamos ante una película de guión, una película que funciona bastante bien en la pantalla, pero a la que se le puede reprochar el ser solo eso mientras que carece de algo fundamental, personajes. Es algo así parecido a cine que se ríe del cine, como si ya estuviera casi todo contado y lo único que nos queda es el post-post-modernismo del cine y de las historias. Da miedo pensar así, pero al menos, la película vale la hora y media que dura.

Pasen y vean.

sábado, 9 de agosto de 2008

Antes que el diablo sepa que has muerto


Estupenda película del veterano Sydney Lumet, director de decenas de películas, y autor de uno de los mejores libros que existen sobre el arte y el proceso de hacerlas, ‘Making movies’.

Se le puede reprochar a Antes que el diablo... su insistencia en la búsqueda de las coincidencias y las paradojas de la vida, pero esta tragedia griega ambientada en los EEUU actuales, con unos personajes que no parecen comprender los rumbos ni los destinos de sus vidas, si es que acaso hay alguien que los comprenda, se convierte en probablemente en la mejor película en este 2008 del otro lado del charco, con el leve permiso de ‘Pozos de Ambición’.

La tensión que transmiten estos seres humanos y las incompletas relaciones personales que se establecen entre ellos plantean una comparación con la obra maestra que dirigió en el 57, ‘Doce hombres sin piedad’. Si en ésta, el triunfo del hombre justo a través del poder de la palabra otorgaba cierta esperanza a la condición humana, en Antes que el diablo... no hay esperanza, y la condición humana se funde con ambiciones personales y económicas que seguramente definen nuestros tiempos. Quizá la construcción de los personajes falla en explicar porque esas ambiciones son compartidas por dos hermanos de personalidades y vidas tan diferentes, pero lo que sí queda claro es que ambos comparten esa insatisfacción vital de la que casi ninguno se libra.

Véanla. Vale la pena.